La obra de Emilia se desarrolla principalmente en la pintura, medio que utiliza para investigar el espacio y los dilemas de su representación: el lugar que ocupan los volúmenes, la variación y relación de escalas entre figuras, y las posibilidades de generar profundidad mediante la degradación tonal. 

Sus imágenes entran y salen de registro realista para alcanzar los territorios de la fantasía. En algunas de sus pinturas aparecen siluetas de gotas, remeras o agujeros; sin embargo, en sus trabajos más recientes, estas formas dan paso a lo que ella denomina “paisajes para el color”. Las telas —que casi siempre corta de forma irregular— se presentan como superficies indefinidas, masas cromáticas que vibran y parecen estar en constante movimiento.

Trabaja con pintura al óleo, que aplica en múltiples y finas capas húmedas superpuestas entre sí, lo que da lugar a colores profundos que emergen de esa acumulación matérica.

Gran parte de sus obras se construyen a partir de referencias extraídas de la lectura de novelas, la práctica de la escritura y la fotografía amateur. En su pintura lleva a cabo una suerte de ejercicio de traducción: de la palabra escrita a la palabra leída, y desde allí al código del pincel y la mancha.

Su práctica artística también abarca la producción editorial artesanal en proyectos individuales y colectivos de publicaciones alternativas como fanzines, revistas, poemarios y diarios.

Forma parte del colectivo artístico A.I.R.B.N.B -Artistas Inventan Residencias Buscando Nuevos Bordes-, integrado por participantes de distintas ciudades de Argentina. El grupo busca fomentar y posibilitar residencias de arte que conecten a artistas con escenas regionales, trazando puentes de apertura y comunicación entre distintos circuitos del arte contemporáneo. El proyecto abarca las ciudades de Salta, Tucumán, Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Mar del Plata.